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Bohemian Rhapsody


Ayer vimos, Berta y yo, «Bohemian Rhapsody«.

Es difícil para mí, fan de Queen declarado, expresar lo que sentí al finalizar la película. Sólo puedo expresarlo de una forma: Sobrepasado por la emoción.

Pero no solo por la música, cómo sería lo normal, ante un biopic que ya medio conoces de antemano y que es amable y para todos los públicos, ya que pasa muy levemente por los aspectos más sórdidos de la caída de Freddie Mercury hacia el abismo de las drogas, el sexo sin control y los excesos que al fin y a la postre acabaron con su existencia.

Existencia preñada de su miedo a la soledad, que en el fondo supongo que era miedo de sí mismo, de sus contradicciones, de su propia condición de leyenda en vida. Hay una escena con una metáfora de esto genial (no hago spoilers) cuando Freddie propone a su primer gran amor, Mary Austin, comunicarse a través de encendidos de una lámpara de un edificio a otro contiguo.

Photo Credit: Alex Bailey.

Es curioso cómo no hacen falta más dosis de realidad ante la tremenda magnitud de la carta de amor que supone la película a la música, la creatividad, el inconformismo, la falta de etiquetas, la libertad, y sobre todo, al mismo concepto del amor. Ese que derrochaba Freddie y que, como más adelante hizo canción Brian May, le mató.

Ese que era el único que aliviaba su miedo y que sólo encontró con Mary Austin y con el público que iba a sus conciertos. Ese que el público de la sala demostró ayer al quedar en absoluto silencio, anclado a sus butacas por la emoción tras la última escena de la película antes de los créditos, cuando sobre el negro de la pantalla sonaba la voz de Freddie «a capella» entonando bajito la primera estrofa de «Don’t stop me now«.

Más allá del espectáculo (vibrante, hermoso, emocionante. Tremenda la recreación del concierto en el «Live Aid«), de las interpretaciones (soberbio Rami Malek como Freddie, a veces crees que estás viendo a Mercury resucitado en escena) o de la maravillosa música, con lo que me quedo de lo que cuenta la película es, en esencia, cómo el amor en mayúsculas es la fuerza motriz más grande que existe y, sobre todo, como es la única forma de vencer al miedo y a la muerte.

En el fondo, el amor es lo que ha hecho sitio a la larga vida en nuestros corazones que siempre tendrán Freddie Mercury y Queen.

 

Jose.

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